Jesse Owens, ante la svastica

Pedro Díaz G.
Sus triunfos de color negro marcaron para siempre la historia de los Juegos Olímpicos. Su nombre: James Owens.
Los Juegos de 1936 fueron, para él, Jesse, epílogo de una brillante carrera deportiva que inició cuando su familia decidió vivir en Ohio.
Jesse se convertiría en el atleta profesional que su país anhelaba; tenía talento, fuerza, liderazgo y el incondicional apoyo de todos quienes le rodeaban.
En la escuela conoció a Charles Riley, su entrenador, quien se convertiría a la postre, además, en el mejor de sus amigos, que muchos los tuvo.
A pesar de continuos problemas respiratorios y enfermedades pulmonares: bronquitis y neumonía crónicas, fue superando las crisis que desde pequeño sufrió, gracias al apoyo de médicos especializados y al trabajo de Charles Riley.
Sucedió una tarde de 1927: Por la escuela apareció Riley, un viejo campeón olímpico, cargado de historias. Vio correr a Owens y se obnubiló. No necesitó más para saber que estaba ante un fuera de serie. Se hizo cargo de él. Lo entrenó, lo aconsejó, y lo llevó lentamente, especializándolo en distancias cortas.
Por qué Je-sse
James Owens nació el 12 de septiembre de 1913 en Danville, un pequeño pueblo de Alabama. En 1920 los Owens se trasladaron a Cleveland y James acudió a la Escuela Técnica del Este.
El primer día de clases le preguntaron su nombre... Una rutina. El respondió: "J.C. Owens ", como diciendo, James Owens de Cleveland. La maestra, sin embargo, escribió lo que había escuchado y en adelante lo llamó Je-sse, igual que sus compañeros. Dos meses después, ya no era más James, sino el "pequeño Jesse".
Pronto fue la figura de los campeonatos Intercolegiales de Estados Unidos y se convirtió en el atleta más destacado de los centros de educación.
Días de gloria
Llegaron los Juegos.
Y el clamor, la competencia.
Jesse, con apenas 10.3 segundos, batió el récord mundial de los 100 metros.
Los fanáticos arios no podían creer que un negro les robara las medallas en su propio país. Owens ganó el salto de longitud al imponerse al plusmarquista europeo, el alemán Lutz Long. Su salto superó por primera vez en la historia la barrera de los ocho metros e instauró un nuevo récord olímpico (8.12) que no sería superado sino hasta 1960, en Roma.
El tercer oro lo consiguió en los 200 metros (20.7 segundos) y, el cuarto, en el relevo de 4x100 metros (39.8).
En todas las pruebas obtuvo nuevos récords olímpicos y en los 100 y 200 metros, mejoró la marca mundial.
En 1936, a pesar de la firme postura del COI y en especial de su presidente el conde de Baillet-Latour, no pudo evitarse la instrumentación política de los Juegos.
No se olvida la imagen de Adolfo Hitler molestísimo al ver perder ante Owens a los más especializados atletas arios.
Una anécdota que fue más allá de la rivalidad deportiva: en el salto de longitud el hombre a vencer era Lutz Long.
En ejemplar camaradería olímpica, el germano enseñó a su contrincante a medir bien la carrera antes del salto, lo que sirvió a Owens para el triunfo en el último intento. Abrazados dieron una vuelta al estadio aclamados por el público.
En el ‘Black Power’
Reveló Tommy Smith que sí, que hubo en México 68 algunas reuniones para planear la forma de boicotear los Juegos Olímpicos. En 1967 el grupo de atletas negros programaba no asistir a la justa como medio de presión. Y conformaron un grupo conocido como Olympic Project for Human Rigths .
"La penúltima reunión fue en Denver y se realizó allá porque tuvimos un campamento para aclimatarnos a la altitud de la ciudad de México. Allá se decidió la idea de levantar el guante negro, para ser escuchados. Pero fue en México, la noche previa a nuestra competencia de los 200 metros, cuando se decidió. Esa junta fue dirigida por Jesse Owens, quien en Berlín con su triunfo desafió a Hitler".
Decidida estaba entonces la forma de protesta. Todos los atletas negros estuvieron invitados a levantar el puño al pisar el podio. Fueron Tommy Smith y John Carlos, primero y tercer sitio, quienes primero lo hicieron.
Así culmina la historia del nieto de esclavos, hijo de recolectores de algodón que humilló a Adolfo Hitler en el palco de honor del estadio de Berlín. Él, hombre negro, venció a la historia ante el líder del Tercer Reich y su bandera con suástica.
Después de la fama
Su carrera tuvo entonces un declive: después del esplendor decayó y perdió el rumbo de su vida. La federación estadounidense lo sancionó por sus constantes actos de indisciplina; se desdibujó de la sociedad y abandonó al deporte.
Sufrió diversos contratiempos y llegó incluso a disputar carreras contra caballos. Fue bailarín, jugador de basquetbol, futbolista, promotor de espectáculos y "showman". Fundó una institución para niños de negros, viajó por Europa con los Harlem Globe Trotters y representó a varias empresas de productos de comida. Murió, víctima de un cáncer de pulmón, el 30 de marzo de 1980, a los 66 años, en Arizona. En 1984 las autoridades de Berlín dieron el nombre de "Jesse Owens" a la antigua avenida de La Victoria, junto al Estadio Olímpico. Merecido, justo honor.

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