Sunday, June 04, 2006

Samaranch, adiós al amateurismo


Pedro Díaz G.


A Juan Antonio Samarach le tocó lidiar con los dos monumentales boicots (Moscú 1980 y Los Ángeles 1984), y rescatar al olimpismo de la penuria económica para situarlo como el primer espectáculo deportivo del planeta. No lo hizo nada mal.

Pero para ello, el español se alió al auspicio de las televisoras y a las grandes empresas publicitarias, aunque la epidemia del dopaje y el estallido de la corrupción empañaron una trayectoria tras la que dejó un COI más abierto y más transparente. Los cambios le valieron numerosas críticas, en particular, por la excesiva importancia otorgada a la cuestión monetaria, abriendo así la puerta a la corrupción.

Temiendo un fracaso de los Juegos de Los Ángeles 1984, Samaranch se protegió con el Comité Organizador, al frente del cual Peter Ueberroth hizo un trabajo que alejó las dudas sobre las pérdidas y arrojó un superávit inesperado, pues se trató de los primeros Juegos basados en el apoyo privado, no el de los gobiernos. A la par se decía adiós al amateurismo.

Al clausurar la edición de Los Ángeles, Samaranch exclamó: "God bless America" (Dios bendiga a América).

En el organismo, a lo largo del tiempo, cada miembro, según su fecha de entrada, tiene un número que no pierde nunca. Pierre de Coubertin sigue siendo el 1. Juan Antonio Samaranch es y será el 273.

Y el número 273 lo dejó el 17 de julio para convertirse en presidente honorario. Un gran honor añadido, porque desde 1894, sólo 20 de los 463 miembros que el COI ha conocido históricamente, han recibido por distintas razones semejante distinción.

La presidencia de honor es protocolariamente el cargo número dos, tras la presidencia real, del COI. Pero se trata de un puesto sin dimensión ejecutiva. Un rango meramente ornamental para un hombre acostumbrado desde muy joven a ser cualquier cosa menos un florero.

Juan Antonio, quien nunca abandonó la práctica del deporte, fue elegido una vez (1980) y reelegido tres (1989, 1993 y 1997), en parte gracias a su excelente estado físico, propiciado por un estilo de vida basado en acostarse temprano (no sin antes escribir unas líneas en su diario), levantarse al alba y comer poco y sano. Pero sobre todo, sufrió, afrontó y resolvió la crisis de corrupción que, a causa de los votos comprados para la elección de Salt Lake City como sede de los Juegos de Invierno de 2002, empañó en 1999 el nombre del COI. Expulsó y obligó a dimitir a 10 de sus miembros y dirigió una profunda revolución estatutaria.

Cuando cedió su sitio, luego de 21 años, en el Congreso 112 del COI, al cirujano belga Jacques Rogge, éste correspondió a Samaranch imponiéndole la orden olímpica de oro, y después levantando su brazo izquierdo, para que el pleno despidiera con otra salva de aplausos a un presidente que, por primera vez en dos décadas, pareció frágil.

Nacido el 17 de julio de 1920 en Barcelona, Samaranch fue miembro del COI desde 1966. Jugador de hockey sobre patines y de hockey sobre hierba, practicó futbol e hizo breves apariciones como boxeador antes de convertirse en un dirigente. Fue presidente de la Federación Española de Patinaje, del Comité Olímpico Español y jefe de misión de la delegación de su país en los Juegos de Invierno de Cortina d Ampezzo (Italia) en 1956, en los Juegos de Verano de Roma en 1960 y en los de Tokio en 1964.

Sería nombrado "Marqués de Samaranch" por el rey Juan Carlos I.

Es el único ex presidente del COI que sigue con vida.



Julio de 2004







0 Comments:

Post a Comment

<< Home