Brundage: Encuentro con el terror

Pedro Díaz G.
Antes que otra cosa, lo que a Avery Brundage gustó durante toda su vida, fue el deporte. A él se entregaría.
Nació el 28 de septiembre de 1887, en Detroit, Michigan; sus padres, Charles y Amelia Brundage, provenían de la clase obrera, pero él, individuo atlético, siempre se condujo hacia éxito.
Se graduó de ingeniero civil en la Universidad de Illinois, en 1909, y participó en los Juegos de Estocolmo 1912: llegó sexto en pentatlón y no finalizó el decatlón, pero nunca aceptó haber caído ante su compatriota Jim Thorpe. En 1914 lo denunció ante el Comité Olímpico Estadounidense como profesional, y le retiraron sus medallas.
Se dedicó al negocio de la construcción en Chicago, donde rápidamente se volvió rico y exitoso con la Avery Brundage Company . se casó en 1927 con Elizabeth Dunlap. La amó a ella y amó al deporte pero tuvo, sobre todo, la cualidad de siempre estar en el momento oportuno: Después de Amsterdam 1928 se convirtió en presidente del Comité Olímpico de su país, sucediendo al general Douglas McArthur. En 1936, cuando el ex jugador estadounidense Leslie Mann fue el mayor promotor del beisbol en su país, al fundar el Congreso Nacional de Beisbol en 1931, estaba él, a su lado.
En 1935 una novena fue a jugar a Japón gracias al interés de Takiso Matsumoto, profesor en la Universidad de Meji, Japón, que invitó a un equipo americano, y él formaba parte del acontecimiento histórico pues por vez primera se transmitió por radio, en directo, un partido entre continentes.
Y luego: años de innumerables cargos administrativos. Tocaría entonces al estadounidense la conducción del COI en los tiempos tumultuosos: 1952-1972.
Durante su gestión los Juegos crecieron, se volvieron rebeldes, se convirtieron, también, en sinónimo de nacionalismo, política, gigantismo, doping, patrocinadores, publicidad y la expedición de licencias para la explotación comercial de los emblemas olímpicos. De devolver sus medallas a Jim Thorpe nadie le hablaba.
Estuvo Brundage también en el momento del México olímpico: el 7 de diciembre de 1962, como la primera piedra de un edificio, de un sueño, recibe el primer documento que gira México al Comité Olímpico Internacional estableciendo su deseo de que la ciudad sea tomada en cuenta para competir por la sede de 1968. Firma el licenciado Ernesto P. Uruchurtu, regente de la ciudad.
Pero las cosas comenzaron a complicarse políticamente desde ese México 1968. Diez días antes de la apertura de la XIX Olimpiada se disolvió una manifestación de estudiantes en Tlatelolco: saldo indefinido; muertos y desaparecidos. Agobiado por los boicots, Brundage lo consideró un "asunto interno" para no mover las aguas de la desconfianza internacional.
Olímpica diplomacia.
Y 1972 sería mucho peor: la política se transformó en apenas un ciclo olímpico, en terrorismo: cuando Alemania quería unos Juegos impecables, el sueño poco duró y 11 integrantes de la delegación de Israel fueron asesinados por el grupo terrorista árabe Septiembre Negro. Después de 34 horas de interrupción y una ceremonia fúnebre, en el estadio olímpico Brundage declaró: "Los Juegos deben continuar".
Su legado: reunió quizá la colección más valiosa de documentación olímpica. Los diarios, las letras, las reminiscencias, los libros de recuerdos, los discursos, los minutos, las fotografías y otros artículos periodísticos fueron minuciosamente atesorados.
Murió el 8 de mayo de 1975, en Garmisch-Partenkirchen, Alemania, adorando a sus "papeles", metros cuadrados de información diversa: del `52 a su alma mater, la Universidad de Illinois.
Información que ha sido clasificada precisamente ahí, puesta en un índice y microfilmada para el uso de los eruditos deportivos del mundo. Los investigadores poseen, además, 150 rollos de microfilmes de la Avery Brundage Collection que administra el Centro Internacional para los Estudios Olímpicos, en la Universidad de Ontario.
Murió tras construir, erigir, solidificar y apuntalar no sólo su vida, sino la del movimiento olímpico; tras defender a ultranza al amateurismo, tras haberse topado con el terror, y tras sortear los años tumultuosos.
Transcurrieron 69 años antes de que en 1983 el COI decidiera reparar la injusticia y Juan Antonio Samaranch devolvió las medallas a las hijas de Thorpe, en Los Ángeles.
Avery Brundage cumplió dignamente su ciclo en la historia.
Estará en paz.
Marzo, 2004

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