Thursday, June 22, 2006

Vikelas: una aventura llamada COI


Demetrius Vikelas influyó para que Atenas hiciera la primera edición de los Juegos


Pedro Díaz G.

Designado por el barón Pierre de Coubertin, el griego Demetrius Vikelas, nacido en 1835, fue el primer presidente del Comité Olímpico Internacional, de 1894 a 1896.

Desconocedor de casi todo lo relativo al deporte, el negociante en cereales se retiró en 1876 para dedicarse a la literatura, y sus numerosas relaciones en el mundo intelectual y económico fueron extremadamente útiles para la organización de los Juegos de Atenas, los que él mismo pretendía eternamente para Grecia.

El 23 de junio 1894 se anunció oficialmente el nacimiento del COI y la restauración de los primeros Juegos de la Era moderna.

La elección de la sede fue un tema conflictivo desde el principio: el barón tenía interés por iniciar el siglo con los Juegos de 1900 en París. Pero los griegos se anticiparon, liderados por Vikelas, delegado de la Sociedad Panhelénica de Gimnasia, al proponerse los inaugurales, de 1896. Y persistieron las presiones hasta el finalizar los primeros Juegos para que las celebraciones se realizaran a perpetuidad en Atenas.

Pero Pierre de Coubertin no accedió considerando que podía significar "...la sentencia de muerte del olimpismo...", y optó por continuar con su idea original de los juegos circulantes.



Atenas o Hungría...



Parecía que ellos, Pierre de Fredy, y Demetrius Vikelas eran dueños de todos los problemas del mundo. Su sueño olímpico marchaba y de todos lados del planeta se adherían, sobre todo, los sportmen , es decir, los caballeros que, a finales del siglo XIX, eran los únicos destinados a la práctica deportiva.

Mientras la nación griega en su totalidad abrazó con entusiasmo la idea de los Juegos, la jerarquía política no los sentía a ese nivel.

Al borde de la bancarrota, y con un crítico entorno político por la lucha de poder entre dos sectores, el de Charilaos Trikoupis y el de Theodorus Deligiannis, Vikelas y Coubertin encontraron a una familia ateniense, los Zappas, quienes legaron una fortuna para erigir y administrar un gran edificio que se conocería como el Zappeion, en donde se realizarían las competencias atléticas.

Vikelas arregló la reunión, pero antes de la cita fue llamado a París porque su esposa moría. Así que Coubertin cerró el trato.

Sumergido en el proyecto de restablecer los Juegos, imaginaban que la gente de Atenas saltaría de felicidad por ser la primera en recuperar un acontecimiento heredado de sus antepasados.

Pero cuando las cosas comenzaban a funcionar, se dieron cuenta de que los directores del Zappeion no eran partidarios del renacimiento olímpico: fueron conducidos por Etienne Dragoumis, aliado político de Trikoupis. El grupo de Zappeion se inclinaba hacia los Juegos, pero Trikoupis los influenció de otra manera. Cuando Vikelas volvió a París, los directores del Zappeion renunciaron al patrocinio de la odisea.

Demetrius advirtió a Pierre de Fredy, quien de inmediato hizo los planes apropiados. Se aseguró de que los Juegos se realizaran "en alguna parte" ese 1896, y se comunicó con Ferenc Kemeny, el miembro húngaro de COI, con quien fabricó planes de contingencia para cambiar la sede a Budapest...

Pero Coubertin decidía rápidamente: a pesar de las situaciones financieras y políticas, los ciudadanos de Atenas eran entusiastas con el regreso de los Juegos.

Algunos viajes a la ciudad le convencieron no solamente de que las instalaciones necesarias estaban disponibles, sino que por todas partes escuchó el deseo de que "las Olimpiadas" se llevaran a cabo.

Los más entusiastas eran la gente común, el pueblo, los comerciantes pequeños, los conductores de taxis, "los atenienses diarios".

Pero Vikelas y Coubertin querían un apoyo unánime. Asistieron, entonces, a una reunión con la sociedad literaria, donde abogaron por los Juegos. Su discurso fue muy bien recibido; Pierre de Fredy terminó observando "que nosotros los franceses tenemos un proverbio que dice que la palabra `imposible` no está en la lengua francesa. Me han dicho esta mañana que la palabra acaso sea griega. Pero, realmente, no lo creo..."

Lo logró la dupla olímpica. Convencieron a los intelectuales y ellos a los políticos, y los Juegos Olímpicos, finalmente, renacieron.


Julio, 2004

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