Saturday, July 22, 2006

Pietri: El drama en la pista



Pedro Díaz G.

Es 1912. Estadio de Sheperd, Londres. Y es del italiano Dorando Pietri el dramatismo:
El diminuto atleta de apenas 1.59 metros de estatura se ha inscrito en la prueba de maratón, que cierra los Juegos. No es el favorito, lo sabe; el preferido del público es el sudafricano Charles Hefferson, quien puntea a lo largo de la carrera pero, agotado por el esfuerzo en esta mañana calurosa y húmeda en la capital inglesa, desfallece a seis kilómetros de la llegada.
Eliminado el sudafricano, Pietri liderea la competencia. Faltan sólo tres kilómetros y se calcula que aventaja a sus rivales por más de un kilómetro. Aparece el italiano por la puerta del estadio y el público, que esperaba ansioso al primer maratonista, lo ve con estupor; porque Dorando Pietri, inmerso en el fragor de la carrera y animado por la gritería de los aficionados, toma la pista hacia la izquierda, por el lado equivocado. Su imagen es dramática: suda copiosamente, se tambalea. Su blanca camisa mojada por el sudor y sus amplios pantalones rojos, que flotan alrededor de sus delgadas piernas, son huella viva del enorme esfuerzo realizado.
El italiano rectifica el camino, pero a 75 metros de la meta cae ante el asombro de los presentes que desean hacer algo para auxiliarle. Se levanta y continúa pero cae de buces cuatro veces más. La última, a escasos 15 metros de la meta.
Desesperados ante la dramática escena y por el inminente arribo del estadounidense John Hayes, que ya es recibido por la euforia de los espectadores, algunos miembros del cuerpo médico, un juez y el periodista del Daily Mail, sir Arthur Conan Doyle, quienes lo levantan y le ayudan a recorrer los metros restantes. Rompe el listón el italiano, desfallece y rápidamente es llevado a los servicios médicos. Lo trasladan, inconsciente, a un hospital.
Los miembros del equipo estadounidense reclaman la ayuda que se prestó a Pietri. Sobrevienen algunos minutos de discusiones y por fin se descalifica al italiano.
El triunfo de Hayes es saludado con silbidos.
Un día después, para salvar el espíritu olímpico y hacer perdonar la parcialidad de los jueces británicos, la reina Alejandra, conmovida por el drama de Pietri, ofrece al perdedor una copa de oro y algunas palabras de consuelo. “Aquí tiene esta copa de oro. Espero que no se lleve solamente malas memorias de nuestro país”.

0 Comments:

Post a Comment

<< Home