Thorpe: o la crueldad olímpica

Pedro Díaz G.
Un atleta es admirado en Estocolmo: Jim Thorpe. Lamberto Álvarez Gayou, quien fue competidor y dirigente deportivo, escribió en sus memorias: “...En los primeros años del siglo, algunos grupos de indígenas yaquis emigraron hacia el norte en busca de mejores condiciones de vida. Un joven indio yaqui de la Villa de pascua, concurrió a la escuela para pieles rojas en Carlslile, Pensilvania, que en aquella época produjo los atletas de pista y campo y los jugadores de futbol americano más famosos de los Estados Unidos y quien en Estocolmo inmortalizó su nombre consagrándose como el atleta más completo y más maravilloso del mundo: James Thorpe...” Su nombre será leyenda. En su libro Las Olimpiadas narra el español Juan Fauria: “... En el decatlón y pentatlón gana un indio americano, de la tribu Sac y Fox, llamado Brigth Path —Senda Luminosa— que luego adquiriría fama mundial con el nombre de James C. Thorpe, estudiante del colegio Indio de Carlslile, Thorpe venció en ambas disciplinas de forma sensacional...” Thorpe asombra al mundo. Meses después, los burócratas del deporte asombran a Thorpe: “... Pero desgraciadamente —continúa Fauria— Brigth Path no puede disfrutar mucho tiempo de sus victorias, por las cuales el Rey Gustavo de Suecia le dijo: ‘Es usted el más maravilloso atleta que han visto los siglos’, ya que la Amateur Athletic Union comunicó al Comité Olímpico Internacional que Thorpe había sido profesional de beisbol durante 1909 y 1910, percibiendo 70 dólares al mes por jugar en un equipo de Carolina del Norte. Se le declaró profesional y se le obligó a devolver sus medallas, que fueron entregadas a Ferdinand Bie y a Hugo Weislander, los cuales se negaron a aceptarlas. Esta es sin duda la historia más desgraciada de las olimpiadas modernas. Thorpe siguió jugando beisbol durante 8 años como profesional. En 1932, viejo ya, fue reconocido en Los Ángeles y aplaudido por los 100 mil espectadores ahí presentes. A su muerte, los pieles rojas levantaron un monumento en su honor, en cuyo pie se lee: “A James Thorpe, el más extraordinario atleta del mundo y al que más injustamente se le negó la gloria de sus triunfos...”

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